Pivetta, el calvo árbitro que no tuvo problemas en usar peluquín

Lo que sucedió en mayo de 1954 quedó en la memoria del fútbol mendocino. En el marco de la derrota frente a Godoy Cruz por 1 a 0, la gente de San Martín se ofuscó demasiado con Italo Pivetta, árbitro del match.

Es normal que  la gente que va a la cancha a ver a su cuadro tenga poca paciencia con los árbitros. Es casi imposible que un juez se retire de un campo de juego sin ser silbado e insultado. Pero lo que le sucedió a Italo Pivetta,el 2 de mayo de 1954, fue increíble y marcó un antes y un después en el fútbol de Mendoza.

Se enfrentaban San Martín y Godoy Cruz por la 4ta fecha del torneo de Liga Mendocina. Ya con el marcador a favor del Tomba por la mínima diferencia, el hombre de negro cobró un penal a favor de la visita. Las protestas locales no se hicieron esperar, y en el tumulto Pivetta expulsó a dos jugadores.

En ese momento, la normalidad se esfumó. Los hinchas comenzaron a violentar el alambrado, lo rompieron y algunos lograron ingresar al campo de juego. El referí se metió rápidamente a su vestuario, pero en el camino una silla de madera lo golpeó fuertemente en la zona de la espalda.

Una vez dentro de su camarín la gente intentó con todo de tipo de elementos romper el mismo para poder entrar a “saludar” a Pivetta, que finalmente fue salvado por la policía, que lo llevó en un patrullero para salvaguardar su integridad física.

Según marcan diarios de la época, los enardecidos hinchas Chacareros escoltaron al móvil policial hasta que subió a la ruta y emprendió el viaje hacia Mendoza. Una verdadera locura.

La sanción que recibió San Martín fue durísima. 8 meses de suspensión para jugar en su estadio (al año siguiente el León ya cambiaría de field), 10 partidos para el jugador Aracena y 1 año para Destéfano.

De todas maneras, la bronca generalizada no fue más allá de ese encuentro, y con el tiempo Italo Pivetta volvería a dirigir a San Martín, siempre mirando el alambrado.

 

Agradecemos a Rubén Lloveras, historiador.