Los que tuvieron el privilegio de verlo jugar suelen afirmar que no hubo otro como él. Algunos lo colocan en el podio de los grandes jugadores nacidos en suelo nacional. Ángel Rubén Ambroggi, nuestro Negro querido, cumple hoy 76 años.

Nació en Rosario, cuna de grandes del deporte argentino, el 4 de abril de 1939. Cuando era chico el fútbol se adueñó de gran parte de su corazón. Esa pelota, la que disfrutaba del trato que el Negro siempre le dio, lo acompañó durante el resto de su vida.

Entró en las divisiones inferiores de Rosario Central a los 12 años y estuvo en el Canalla hasta que logró debutar en el primer equipo. La suerte y las decisiones del entrenador lo obligaron a defender la camiseta de Sportivo Belgrano de San Francisco, cuadro con el que comenzó a destacarse.

En 1961 se vinculó por primera vez con el León. Gracias a las gestiones de Esteban Costantini (a través de su yerno Luis Deninno) Ambroggi llegó a San Martín por un año. Luego de un subcampeonato y de enamorarse de la ciudad y del club, decidió estirar su estadía un tiempo más.

Fue artífice para conseguir el primer campeonato de Liga Mendocina, en 1963. Debido a su descollante actuación durante ese período, emigró al poderoso Barcelona de España, donde estuvo por seis meses. A continuación jugó en el Toluca mexicano y en el Santos de Brasil (cosechó una gran relación con Pelé, que le ofreció conseguirle otra institución luego de no arreglar en el club Carioca).

El cariño por San Martín lo obligó a volver, desechó la posibilidad de jugar en el exterior con la ayuda de Pelé y retornó a Mendoza. Defendió la camiseta del Chacarero hasta 1973, y se dio el lujo de participar en los primeros nacionales albirrojos y los torneos domésticos. Forma parte de la historia grande de nuestro club. Es uno de los máximos exponentes de la mística y el poderío que el León mostró durante las décadas de los 60’ y 70’.

El Negro Ambroggi se afincó en nuestro departamento luego de su retorno y una vez retirado eligió la provincia de San Luis para su vida cotidiana. Cada cierto tiempo, vuelve al Este, porque el amor es más fuerte. El pueblo Albirrojo, que lo recuerda con cariño, le desea el mejor de los cumpleaños.

 

Museo Emilio Menéndez